Galardonados

Joan Larson

Cuando Joan Larson sustituyó a Ray Minkler como directora del coro del instituto Minnetonka en 1976, se convirtió en la segunda persona en ocupar ese cargo y era consciente de que tenía ante sí una tarea difícil. Sin embargo, a lo largo de los siguientes 18 años, Joan marcaría la vida de cientos de alumnos y dejaría un legado de inspiración y pasión por la música que perdura hasta hoy.

Aunque muchos adultos rehúyen trabajar con adolescentes, a Joan le apasionaba hacerlo. «Me gustaba formar parte de ese proceso de ayudarles a alcanzar la edad adulta y ver oportunidades no solo en la música, sino también en otras cosas», afirma. Joan enseñó a sus alumnos importantes lecciones de vida, inculcándoles la importancia del apoyo mutuo y el trabajo en equipo. «En el coro, nadie se queda en el banquillo, todos participáis», solía decirles a sus alumnos. «En el coro, trabajamos juntos y estamos todos en esto juntos».

Una cosa que Joan notó cuando empezó a trabajar en el instituto Minnetonka fue que el coro femenino se consideraba «lo más bajo de la jerarquía». Con el deseo de cambiar esto, les proporcionó nuevos trajes y un nuevo nombre: las «Tonka Treble Singers». Joan también quería que las chicas tomaran mayor conciencia de su talento. Les recordaba que «sí, estamos en un coro femenino, pero hacemos música del mismo nivel que el Coro de Conciertos», el coro más destacado de Minnetonka.

Además de transformar el coro femenino, algo que realmente marcó la carrera docente de Joan en el instituto Minnetonka fue la tradición de cantar la «Bendición coral», o «The Lord Bless You and Keep You», al final de cada concierto. La tradición comenzó cuando los coros de la ciudad natal de Ray Minkler cantaron esta canción al partir hacia la Segunda Guerra Mundial. Él dijo que, si regresaba a casa sano y salvo, haría que se cantara esa canción al final de cada concierto. Cumplió su promesa y llegó al MHS como director de coro en 1953. Joan mantuvo viva esa tradición durante su estancia en Minnetonka, y todavía se canta hoy en día.

«Todavía recibo notas de alumnos en las que me cuentan lo mucho que ha significado para ellos esa pieza musical», dice Joan. «Sienten que... la música en sí misma y su letra han sido algo que les ha llegado al corazón, incluso en situaciones bastante difíciles».

Además de esta tradición, salir de gira con sus coros era otra de las cosas que más le gustaban a Joan de su trabajo, ya que las veía como oportunidades para que sus alumnos ampliaran sus horizontes. «Quería que los chicos... se dieran cuenta de que “vale, hay más sitios además de Minnetonka”», afirma. En un viaje a Nueva York, Joan y sus alumnos asistieron en Harlem a un musical sobre la historia de la música negra. Dado que Minnetonka era y sigue siendo un distrito con mayoría blanca, Joan vio esto como una oportunidad para que sus alumnos aprendieran sobre la cultura negra y la apreciaran mejor. A sus alumnos les encantó el espectáculo e incluso compraron todas las cintas que estaban a la venta después. Un año más tarde, durante una gira en Chicago, Joan llevó a sus alumnos a una iglesia negra donde les invitaron a cantar para la congregación. «Es una de las mejores experiencias que estos chicos han podido vivir».

Cuando no dirigía a sus coros, Joan dirigía musicales y preparaba a cantantes para concursos. Se quedaba hasta tarde por las noches y aprovechaba sus pausas para comer para trabajar individualmente con los alumnos. «Creía que los niños necesitaban alcanzar logros personales como parte de su preparación para la vida adulta», afirma Joan.

Hoy en día, muchos de los antiguos alumnos de Joan han seguido cantando tras terminar el instituto y atribuyen su éxito a su inspiradora forma de enseñar. Uno de ellos, Charlie Thomas, es cantante en la zona de Minneapolis/St. Paul. «A mis 53 años sigo cantando en un coro gracias a todo lo que aprendí de [Joan], tanto en lo vocal como en lo personal», afirma Charlie.

Joan anima a los estudiantes de hoy en día a participar en actividades musicales durante sus años de instituto, especialmente en el coro. «Es la única habilidad que se llevarán del instituto y que podrán utilizar en su vida adulta para hacer frente a las agendas tan apretadas a las que se enfrentarán», afirma. «Cantar es algo a lo que podrán aferrarse mucho después de dejar de jugar al hockey, al fútbol o a cualquier otro deporte; será algo que tendrán toda la vida».

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